INTERIORISMO / MATERIALES
Hay decisiones en interiorismo que cambian por completo la manera de percibir una casa y, combinar dos suelos diferentes es una de ellas.
La cerámica permite jugar con texturas, colores, formatos y dibujos para crear ambientes con identidad propia, incluso cuando comparten un mismo espacio y, lo más interesante es que no hace falta elegir entre continuidad y contraste ya que a veces, la belleza está precisamente en encontrar el equilibrio.
El suelo también tiene algo que contar
Cuando pensamos en transformar una estancia, solemos empezar por los muebles, la iluminación o el color de las paredes, olvidándonos muchas veces del pavimento que, siendo sinceros, es uno de los elementos que más podrá definir el resultado final de nuestra estancia.
Imaginemos una cocina abierta al salón; no hay tabiques, las ventanas son las mismas y la luz circula libremente, pero en algún punto, bajo nuestros pies, el suelo cambia de textura, de formato o de color y, de pronto, sin haber levantado una sola pared, aparecen dos ambientes diferentes.
Es una de las posibilidades que más me gustan de la cerámica en el diseño de interiores: su capacidad para ordenar el espacio sin necesidad de dividirlo físicamente.
Y aunque combinar pavimentos puede parecer una cuestión sencilla, detrás de un resultado armonioso suele haber bastantes decisiones.
La calma de los materiales que se complementan
No todas las combinaciones necesitan llamar la atención, de hecho, algunas de las más bonitas son precisamente aquellas en las que los materiales parecen entenderse sin esfuerzo.
Por ejemplo, una posibilidad es trabajar con un pavimento de apariencia madera en la zona de estar y reservar una superficie más uniforme para la cocina.
La colección Tabula de Geotiles, por ejemplo, reproduce la estética de la madera en piezas porcelánicas alargadas de 20 × 120 cm. y sus tonalidades Haya y Miel pueden servir como punto de partida para imaginar espacios cálidos, con una presencia visual cercana a la de un suelo de madera natural.
Frente a ella, podemos plantear una superficie más discreta, como Essenza de Pamesa, una colección porcelánica disponible en tonos neutros como Beige, Tortora o Perla.
La combinación de ambos lenguajes, uno marcado por la veta y otro por una apariencia más uniforme, permite diferenciar ambientes sin introducir un contraste demasiado brusco, aunque eso sí, elegir dos tonos parecidos no garantiza que funcionen juntos, por lo que conviene observar muestras reales bajo la misma iluminación, ya que un beige puede tener matices rosados, amarillos o grisáceos que pueden hacer que cambie mucho la percepción del conjunto.
Y aquí aparece una primera idea que merece la pena recordar: la armonía no depende tanto de que dos suelos sean iguales como de que exista una relación entre ellos.
Cuando el dibujo entra en escena
En otras ocasiones ocurre justamente lo contrario, queremos que una parte del suelo tenga protagonismo; una cocina pequeña, un recibidor o incluso el espacio que ocupa una mesa pueden convertirse en lugares perfectos para introducir un pavimento decorativo, y aquí es donde encajarían perfectamente las baldosas de inspiración hidráulica puesto que, ofrecen posibilidades especialmente interesantes al incorporar geometría, repetición y color.
La colección Danube de Aparici, con sus fondos crema y motivos geométricos, permite imaginar interiores donde el dibujo está presente sin necesidad de recurrir a contrastes demasiado intensos.
Podríamos utilizar una superficie decorada para delimitar el área de la cocina y acompañarla con un pavimento de apariencia madera en el comedor.
Otra interpretación, con un carácter más gráfico, la encontramos en Vodevil de Vives. Sus diseños, de inspiración hidráulica y disponibles en formato 20 × 20 cm, permiten crear composiciones que recuerdan a algunos de los pavimentos tradicionales que todavía encontramos en edificios históricos.
Me gusta especialmente la idea de utilizar estos dibujos en superficies contenidas.
No hace falta llenar una habitación de motivos para que el suelo tenga personalidad. A veces basta con reservarles un espacio concreto y dejar que el resto del pavimento actúe como fondo.
El secreto está en encontrar el punto en el que el dibujo aporta carácter sin competir con todo lo demás.
El regreso del terrazo y las superficies con memoria
Hay materiales que nunca desaparecen del todo. Simplemente vuelven a nuestras casas con otras proporciones, nuevos colores o maneras distintas de interpretarlos.
El terrazo es uno de ellos.
Durante décadas ha formado parte de viviendas, escuelas, edificios públicos y espacios cotidianos. Hoy, su apariencia vuelve a encontrar un lugar en el interiorismo a través de propuestas que recuperan la riqueza gráfica de sus pequeñas partículas.
FS Venecia, de Peronda, es una colección porcelánica que reinterpreta precisamente el terrazo de grano pequeño.
Su textura visual ofrece una alternativa interesante para quienes buscan un suelo con presencia, pero prefieren alejarse de los motivos geométricos más definidos.
En una cocina contemporánea, por ejemplo, podríamos imaginar un pavimento de aspecto terrazo combinado con una superficie neutra como Essenza de Pamesa.
El resultado dependerá de la elección de tonos y de la distribución del espacio, pero la idea tiene un atractivo especial: dejar que uno de los materiales aporte ritmo y que el otro permita descansar la mirada.
Porque combinar no siempre significa añadir. A veces consiste en saber qué superficie debe tener el protagonismo y cuál debe acompañarla.
La transición: ese pequeño detalle que cambia el resultado
Hasta aquí hemos hablado de materiales, colores y sensaciones. Pero hay una parte del diseño que merece tanta atención como la elección del pavimento, y éste es el lugar donde ambos se encuentran.
Una línea recta puede crear una transición discreta y ordenada; un cambio de orientación puede ayudar a dirigir la mirada hacia una zona concreta; y los formatos geométricos permiten imaginar encuentros escalonados que introducen movimiento en la composición, y…visualmente, todos pueden resultar interesantes, pero la dificultad aparece cuando tenemos que llevarlos a la obra.
Los pavimentos de distintos fabricantes pueden presentar diferencias de espesor, formato y tolerancias dimensionales. También deben estudiarse las juntas, el soporte, los movimientos previstos y los perfiles de transición cuando sean necesarios.
Por eso, una combinación que funciona sobre el papel no debería darse por resuelta hasta comprobar su viabilidad técnica.
Especialmente cuando mezclamos piezas pequeñas con grandes formatos o pavimentos que requieren sistemas de colocación diferentes, y aquí conviene recordar otra cuestión: un encuentro visualmente continuo no significa que puedan eliminarse las juntas necesarias.
El buen diseño también se reconoce en esos detalles que apenas se ven, pero que permiten que una solución siga funcionando con el paso de los años.
¿Y si los dos suelos son cerámicos?
A menudo, cuando hablamos de combinar pavimentos, pensamos automáticamente en madera natural y cerámica, pero quizá una de las posibilidades más interesantes sea trabajar exclusivamente con materiales cerámicos de apariencia diferente.
Un porcelánico de efecto madera puede convivir con otro de aspecto piedra o cemento y, una superficie uniforme puede encontrarse con un dibujo hidráulico; un acabado inspirado en el terrazo puede aportar textura a una estancia donde predominan los tonos lisos.
Esta variedad permite explorar composiciones muy distintas sin que todos los materiales deban pertenecer necesariamente a una misma colección, aunque por supuesto, eso tampoco significa que cualquier combinación sea adecuada ya que, cada producto debe elegirse teniendo en cuenta su uso previsto, sus prestaciones técnicas y las condiciones de instalación.
En zonas donde pueda haber agua, por ejemplo, resulta especialmente importante comprobar la resistencia al deslizamiento y los requisitos aplicables al espacio.
La estética abre muchas posibilidades, pero es el conocimiento del material lo que permite aprovecharlas correctamente.
Cinco preguntas antes de combinar dos pavimentos
Antes de decidir qué colecciones utilizar, merece la pena hacerse algunas preguntas.
¿Queremos diferenciar dos ambientes o mantener una sensación de continuidad? ¿Preferimos que el encuentro sea discreto o que se convierta en parte del diseño? ¿Qué superficie va a recibir más tránsito, humedad o desgaste? ¿Cómo se comportan los colores elegidos con la luz natural? ¿Y cómo se resolverá técnicamente la unión entre ambos suelos?
No son preguntas especialmente complicadas, pero ayudan a ordenar las decisiones.
También merece la pena pedir muestras de los materiales y colocarlas juntas, preferiblemente en el espacio donde se instalarán.
Las fotografías de los catálogos son una herramienta magnífica para descubrir posibilidades, pero la luz, la textura y el color pueden cambiar considerablemente cuando tenemos las piezas delante, aunque hoy día, gracias a las herramientas que nos brinda la inteligencia artificial, podemos crear nuestras propias composiciones y decidir si nos gustan o no.
Una casa también se cuenta desde el suelo
Quizá lo más bonito de combinar pavimentos sea descubrir que una superficie puede hacer mucho más que acompañar el mobiliario.
Puede marcar una transición, recuperar una referencia arquitectónica, aportar calidez, introducir un dibujo inesperado o hacer que dos ambientes compartan espacio sin perder su personalidad.
Las colecciones de Aparici, Peronda, Geotiles, Vives y Pamesa que hemos recorrido son solo algunas de las muchas posibilidades que ofrece la cerámica actual.
No existe una fórmula universal para combinarlas. Y probablemente tampoco tendría demasiado sentido buscarla; cada vivienda tiene su luz, sus proporciones y su manera particular de ser habitada.
Al final, se trata de elegir materiales que funcionen juntos y que tengan algo que aportar al espacio, porque hay veces en las que una casa empieza a contar su historia precisamente por el suelo que pisamos.
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