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Morella y mantas morellanas

Entré por curiosidad y salí con 2 mantas y una historia

Una historia de artesanía, memoria y casualidad en el corazón de Morella 

 

Hay lugares que invitan a caminar más despacio, y Morellas es uno de ellos; quizás sea por  su arquitectura, por sus calles empinadas o, simplemente, por esa sensación de cada rincón conserva algo de quienes pasaron por allí mucho antes de que nosotros llegáramos.

Aquél día me encontraba sentada bajo los porches de la plaza, tomando un buen cafenet junto a Pedro y mi perrito Ray, cuando al levantar la vista hacia la calle principal, me fijé en una pequeña tiendecita repleta de mantas morellanas con tantos colores que, llamaban la atención desde fuera. Así que, mientras Pedro terminaba tranquilamente su café, me levanté y fui a curiosear.

Llamé al timbre y apareció un señor que muy amablemente comenzó a mostrarme toda la variedad que disponían. Las paredes estaban repletas de recortes de periódicos y antiguas fotografías que parecían querer contar una historia, y yo, haciendo gala de mi espíritu investigador, por no decir más bien “cotilla”, no tardé demasiado en preguntarle por ella.

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Reconozco que fue una de esas conversaciones que te tocan una pequeña fibra de nostalgia al sentir que algo tan bonito poco a poco lo estamos dejando desaparecer sustituyéndolo por una industria más económica e inmediata perdiendo así el valor único que posee lo artesano. 

Mientras señalaba fotografías de su infancia, tejiendo entre telares justo a su padre y su abuelo, sentía como su voz se llenaba de orgullo familiar a la vez que denotaba un sutil sentimiento de pena, al ver que él mismo era ya el último eslabón de una importante tradición, ya no solo en su familia sino en toda la población de Morella, donde apenas quedan artesanos dedicados a la confección manual de las mantas. 

Nos contó que continuaba tejiendolas de manera artesanal en el telar que aún conserva en su propia casa.   

A nuestro alrededor, las mantas estaban apiladas unas sobre otras creando un precioso abanico de colores; todas diferentes y, al mismo tiempo, fácilmente reconocibles por su característico dibujo de rayas; un estampado que, curiosamente, esta temporada vuelve a aparecer por todas partes. 

Sinceramente, después de escuchar su historia, todas aquellas prendas adquirieron en mí un significado distinto, porque, una cosa es comprar una manta bonita y otra, muy distinta, saber que detrás hay un telar, unas manos y una forma de trabajar que se ha transmitido de generación en generación. 

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mantas-garcia en Morella

En decoración & Cerámica suelo hablar más bien de tendencias, de materiales, colores y estilos y, está bien, a mí me encanta hacerlo, pero cada vez más y quizás sea debido a que ya voy cumpliendo algunos años, valoro mucho más aquellas piezas que tienen una historia detrás y que no han sido creadas única y exclusivamente para llenar un espacio bonito. 

Una manta morellana puede quedar preciosa sobre un sofá, al pie de una cama o en una butaca; puede aportar color, textura y calidez a una habitación… pero, también puede recordarnos algo que a veces parecemos olvidar, y es que un hogar se construye a base de recuerdos y son este tipo de objetos que hemos ido encontrando por el camino, los que con los años consiguen llevarnos de vuelta a un lugar o un momento especial. 

Y ésto viene porque hubo un momento de la conversación que me hizo reaccionar,  al contar como sus descendientes ya no continuaban con el legado; y no lo decía con ningún atisbo de dramatismo, sino más bien como una realidad de nuestros días, en los que resulta inevitable pensar en cuántos oficios tradicionales dependen hoy de una última generación que aún conserva el conocimiento, las herramientas y la paciencia necesarias para seguir haciéndolas posibles.

No estoy tratando aquí de idealizar el pasado ni de rechazar lo nuevo, únicamente se trataría de entender que algunas cosas tienen un valor que va mucho más allá de su precio y de que cuando desaparecen, no siempre resulta fácil recuperarlas. 

Y para que podáis entender un poquito mejor lo que aquí os cuento, adjunto un enlace a un video de su web donde podemos apreciar perfectamente en qué consiste  todo este proceso. 

Entré en la tienda con la intención de curiosear y salí de allí con dos mantas morellanas y un bolso, pero sobretodo, salí con la sensación de haber encontrado uno de esos lugares que aún conservan algo especial; porque a veces, cuando viajamos aunque sea al lado de casa, buscamos un restaurante bonito, una foto ideal para instagram o ,la tienda que aparecía en las recomendaciones de algún Tik Toker de moda y luego, al final, resulta que los mejores recuerdos aparecen justo al lado de la calle mientras estás tomando un café y decides llamar a un timbre sin pensarlo demasiado, 

Gracias, señor García, por abrirme la puerta y por compartir conmigo un pedacito de la historia de Morella.

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